Mirar dónde se va el día
Antes de tocar una herramienta se abre el día real de cada gerente: el correo, las interrupciones, lo que se hace dos veces. De ahí sale la lista de lo que se va a delegar primero.
Es un programa de inteligencia artificial aplicada para gerencias, construido sobre los procesos reales de tu empresa: el correo que se desborda, las cotizaciones que demoran, los informes que alguien arma a mano cada mes. Cada sesión termina con algo funcionando dentro de tu operación. El formato habitual son once sesiones prácticas y doce meses de acompañamiento.
Casi todos los gerentes con los que trabajamos ya probaron ChatGPT. Muchos ya probaron —y abandonaron— Copilot, Notion, un tablero de tareas y dos o tres cosas más. El miedo que traen a la primera reunión no es «no voy a entender»: es «otra herramienta que se muere en tres meses».
Por eso el programa no empieza por las herramientas. Empieza por mirar dónde se les va el día, y sigue por instalar una sola cosa que funcione y sobreviva a la semana siguiente. Cuando la primera sobrevive, la segunda ya no cuesta.
Las sesiones ocupan unos tres meses. El acompañamiento dura doce. Esa proporción no es un detalle del contrato: es la respuesta a la herramienta que se muere cuando baja el entusiasmo.
Trabajo en vivo sobre los procesos del equipo. Cada sesión deja algo instalado y andando.
Cuatro veces más largo que las clases. Aquí es donde lo instalado se corrige, se ajusta y sigue vivo.
Antes de tocar una herramienta se abre el día real de cada gerente: el correo, las interrupciones, lo que se hace dos veces. De ahí sale la lista de lo que se va a delegar primero.
El equipo arma sus propios asistentes, con el vocabulario de la empresa y sus reglas. No se aprende a usar un producto ajeno: se construye uno que se queda dentro de la operación.
La parte incómoda: dónde la máquina ayuda, dónde estorba y dónde no debe entrar nunca. Es la única capa que sigue sirviendo cuando cambien las herramientas.
Terminar las clases es el punto medio, no el final. El año siguiente existe porque los programas no fracasan en la sesión 11: fracasan en el mes 5, cuando cambia una persona, se rompe un flujo y nadie sabe repararlo.
El reparto exacto de sesiones por fase se ajusta a cada empresa: depende del desorden que se encuentre en las primeras semanas.
Un temario se olvida en un semestre. Las capas se apilan: cada una necesita que la de abajo esté firme, y la de arriba es la que queda cuando las herramientas de hoy ya no existan.
Lo que hoy consume horas y no exige criterio: resumir correo, ordenar pedidos sueltos, redactar la respuesta que se repite veinte veces al mes, armar el informe que alguien copia y pega. Se delega tarea por tarea, con el resultado a la vista.
Un asistente que conoce cómo cotiza la empresa, qué responde a un reclamo y con qué palabras habla. Se construye en la sesión, con los documentos reales del equipo, y queda operando dentro de la operación. Deja de ser «la IA» y pasa a ser una herramienta de la casa.
Qué decisión puede salir de un sistema y cuál tiene que firmar una persona. Dónde un error sale barato y dónde cuesta un cliente. Qué conversación no se automatiza nunca, aunque se pueda. Esta capa no la enseña ningún curso porque no se puede grabar en video: sale de discutir los casos propios de la empresa, uno por uno.
Una importadora peruana de más de 160 colaboradores. El gerente general llevaba su día entre papelitos, un cuaderno y el calendario del teléfono: tres agendas que nunca coincidían. Cuando se le preguntó cuánto aprovechaba la IA, se puso él mismo «al 0,1 %».
A mitad del recorrido, el equipo ya tenía un reporte de correos que se arma solo cada madrugada y sus primeros asistentes internos en funcionamiento.
Sesiones y meses son los del contrato; las cifras de operación son las que el propio cliente declaró al inicio del programa.
Decirlo antes ahorra una reunión a las dos partes.
Si el caso cae en la columna de la derecha lo decimos en la primera llamada, sin cotizar nada.
Las dos cosas funcionan. En Lima solemos hacer presenciales las sesiones donde se construye algo en conjunto, y remotas las de seguimiento. Fuera de Lima el programa completo se dicta remoto.
El formato está pensado para grupos chicos de gerencia —entre tres y ocho— porque cada práctica se hace sobre el trabajo real de cada participante. Con grupos grandes se pierde justamente eso.
No. Hace falta que conozcan su proceso. La parte técnica la resolvemos nosotros en la sesión; lo que no podemos poner es el conocimiento del negocio.
Se revisa antes de empezar. Buena parte del programa corre con herramientas de costo bajo o nulo, y cuando algo requiere licencia se dice con su precio antes de la primera sesión, no a mitad del camino.
Esa es la primera pregunta del programa. Podemos empezar a responderla en una llamada de treinta minutos.
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